Bolivarianismo versus Monroísmo

POR JOSÉ GREGORIO LINARES

Texto del prólogo del libro Bolivarianismo versus Monroísmo: contrapuntos entre la dignidad y el injerencismo, editado por el Centro de Estudios Simón Bolívar y el Centro Rodrigueano de Investigación Social para la Latinoamericanidad (CRISOL), Caracas, Venezuela, 2020.

Nuevamente el gobierno de Estados Unidos amenaza a Venezuela y pre­tende someternos. Ignora que somos un pueblo digno y rebelde. La base fundamental de nuestra dignidad y la fuente de inspiración de nuestra rebeldía la constituye el legado del Libertador, quien se ha erigido en sím­bolo de emancipación continental. Enfrentado al bolivarianismo surgió el monroísmo como doctrina injerencista e imperial, preconizada por la élite gobernante de Estados Unidos y por las oligarquías que gobiernan sus protectorados en Latinoamérica.

A lo largo de la historia republicana ha habido un contrapunteo en­tre el bolivarianismo y el monroísmo. El bolivarianismo defiende la inde­pendencia, la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos, la integración suramericana, los proyectos de justicia social. El monroísmo, por el contrario, promueve la dependencia, el injerencismo, la desigual­dad, la injusticia. Son dos proyectos opuestos en permanente pugna.

Algunos venezolanos, aunque viven en nuestro país, se sienten ciu­dadanos de USA y esa es la nación a la que enaltecen. Cada 4 de julio, día de la independencia de Estados Unidos, experimentan nostalgia por su verdadera Patria. Cuando se denuncia la política imperialista de EE.UU. hacia Venezuela, sienten rabia y frustración. Lamentan haber nacido aquí, donde hay gente que critica a esta potencia y a sus presidentes. En especial les incomoda que se hable tanto de Bolívar y su legado, cuando deberíamos regirnos por el ideario y la obra de los Padres de su Patria.

Veamos qué proponían y qué hacían los padres de su patria cuando Bolívar, Padre de la nuestra, liderizaba la lucha por la independencia, la integración suramericana y por instaurar un gobierno que garantizara “la mayor suma de felicidad posible”. Durante la gesta independentista suramericana y caribeña hubo cinco presidentes en EE. UU.: Thomas Je­fferson (1801-1809), James Madison (1809-1817), James Monroe (1817-1825), John Quincy Adams (1825-1829) y Andrew Jackson (1829-1837).

Conozcamos el ideario de los Padres de su Patria. Jefferson fue un ferviente defensor de la esclavitud, aseveraba que los negros eran inferio­res a los blancos; por ello estaban condenados a la esclavitud; su inferio­ridad era innata, no dependía de la libertad ni la educación. En política exterior afirmaba: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, ha­brá de ser poblada”. Agregaba: “Aunque nuestros actuales intereses nos restrinjan dentro de nuestros límites, es imposible dejar de prever lo que vendrá cuando nuestra rápida multiplicación se extienda más allá de di­chos límites, hasta cubrir por entero el Continente del Norte, si no es que también el del Sur”. Asimismo, Madison se opuso a la lucha de Haití por su liberación, porque “…la existencia de un pueblo negro en armas es un espectáculo horrible para todas las naciones blancas”. Y cuando recrude­ció la guerra de independencia suramericana dictó leyes que prohibían el apoyo a las fuerzas patriotas y obligaba a los ciudadanos de su país a entregar a “los delincuentes” que violasen esa disposición. Igualmente, Monroe proclamó el proyecto expansionista que se conocerá como Doc­trina Monroe: “América para los (norte) americanos” que relega a Sura­mérica a ser el patio trasero de USA. En el mismo tenor Adams confesó que la población norteamericana: “…siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. Lo único que espe­ramos es ser dueños del mundo”. Asimismo Jackson, activo genocida de pueblos indígenas a quienes despojó de extensos territorios y envió lejos de sus tierras ancestrales, fue el militar que echó a la fuerza a los patriotas venezolanos que en 1817 tomaron la Florida española e instauraron una república independiente.

Los pitiyanquis suspiran por los padres de su patria: esclavistas, ex­terminadores de indígenas, expansionistas, enemigos de Suramérica. En contraste, el Libertador abogó por distribuir tierras entre los indios, por la abolición de la esclavitud y por el ejercicio soberano de las naciones suramericanas. Seguimos en las mismas: ellos defienden el prontuario de sus padres y nosotros el legado del nuestro. Es su patria contra la nuestra.

Es el contrapunteo entre dos proyectos geopolíticos: bolivarianis­mo versus monroísmo. El forcejeo entre EE.UU., una nación poderosa que pretende arrebatarnos nuestras riquezas, someter a nuestros pueblos, controlar nuestros gobiernos e imponernos su cultura, contra los herede­ros del Libertador, quien nos ha legado una doctrina, el bolivarianismo, que es bandera de independencia, autodeterminación, soberanía, identi­dad, autoestima y justicia social. ¡Y en esa confrontación los bolivarianos venceremos!

Avanzar en ese propósito es el objetivo de este libro, donde recopilo una selección de los artículos que he publicado a lo largo de los últimos años en el periódico 4F, en el blog de la Escuela Venezolana de Planifi­cación y en distintas plataformas comunicacionales. Fueron escritos al calor de las luchas en nuestra Patria, asediada hoy por uno de los más poderosos y genocidas imperios que conoce la historia. Son artillería del pensamiento para abatir las fuerzas del enemigo monroísta. Trincheras de ideas para fortalecer la conciencia crítica y el sentido de Patria. Cada artículo se corresponde con un momento de la lucha y responde a una estrategia de contraataque. Nuestro fin es uno: asegurar el triunfo del proyecto bolivariano y del pueblo venezolano.

Confiamos en nuestra capacidad: en el pasado derrotamos a Espa­ña, “…el imperio donde no se pone el sol”; hoy venceremos a USA, la potencia del Norte, que quiere imponernos su dominio para garantizar su “American way of life”. Y es que nosotros los venezolanos hemos de­rrotado incluso al mismísimo demonio cuando nos ha querido avasallar. No olvidemos a Florentino el que contrapunteó con el Diablo, que dice en los versos de Alberto Arvelo Torrealba:

Lo malo no es el lanzazo

sino quien no lo retruca…

¿Qué culpa tengo señores,

si me encuentra el que me busca?…

Yo soy como el espinito

que en la sabana florea:

le doy aroma al que pasa

y espino al que me menea…

Decarga del libro

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