Al vaivén de la pandemia

POR CAROLINA CORCHO

No es sostenible, desde ninguna perspectiva epidemiológica, de política social, sanitaria y económica que Colombia haya hecho lo que tenía que hacer. Muchas víctimas fatales y sufrimientos humanos se hubieran podido evitar.

En el momento en que se escribe este artículo, en Colombia superamos el millón cuatrocientos mil contagios por Covid-19 (1.456.599) y 39.560 fallecimientos, 204 el último día. Los estudios de seroprevalencia que se han hecho en el país pretenden mostrar qué porcentaje de la población colombiana se ha infectado con el coronavirus, la investigación consiste en hacer detección de anticuerpos en la población, esto incluye realización de pruebas masivas en las ciudades en sintomáticos y asintomáticos, en este participan 10 ciudades y se tienen resultados preliminares de tres. En Leticia 6 de cada 10 de las personas tamizadas mostraron tener anticuerpos contra el coronavirus, en Medellín, casi la tercera parte dieron positivos, en Barranquilla uno de cada dos habitantes fue hallado positivo.

Estos resultados lo que demuestran es la baja capacidad de diagnóstico que se tiene en Colombia, no se alcanzan a detectar el 10% de los casos, lo que significa que la magnitud de lo que muestran las cifras oficiales diarias es superior, esto es explicable entre otras, por el bajo número de pruebas que se hacen en Colombia, al día de ayer solo se entregaron resultados de 30.898 pruebas PCR cuando se tiene una capacidad de procesamiento de las mismas de 56 mil al día. Como resultado, Colombia ocupa los primeros 10 lugares en contagios totales y mortalidades en el mundo, esto en medio del subregistro. En el observatorio de Johns Hopkins el país aparece en el octavo lugar de mortalidad por 100 mil habitantes en el mundo, superando incluso a países como Estados Unidos y Brasil donde las mortalidades han sido alarmantes.

El comportamiento de la pandemia al interior del país ha sido diferencial, pero se ha caracterizado en que no se ha logrado disminuir en ningún momento la mortalidad diaria de 100 fallecimientos, es una suerte de meseta que aumenta por épocas como la actual, en la que el poco confiable indicador de ocupación de UCI en regiones del país como Norte de Santander, Antioquia, Bogotá, Cesar, superan del 70%. Insistimos en que no es confiable, en tanto en Colombia se pasó de 5.300 camas UCI a más de 11 mil en pocos meses, esto incide en el porcentaje de ocupación, pero disponer de estas camas en los sistemas de información, no supone en ningún momento que estas tengan la dotación adecuada y el personal de salud idóneo para atender los pacientes, luego este indicador es engañoso, y aun así, en diversas regiones del país se ha declarado el estado de alerta respecto a este.

Negacionismo e irresponsabilidad

1. Las medidas adoptadas nunca han tenido una relación coherente con el comportamiento epidemiológico del virus, un mes y medio después de haber declarado la primera cuarentena, cuando no se había alcanzado el primer pico, el gobierno ya estaba hablando de reabrir la economía y enviaba a 7 millones de trabajadores a la calle descargando la responsabilidad en el “autocuidado”;

2. En junio prorrogó la cuarentena, pero con más de 40 excepciones que le permitían a la ciudadanía estar en las calles. Esto, al tiempo que llevaba a cabo uno de los más bajos gastos públicos de la región y del mundo para el apoyo en la pandemia que no alcanza el 4% del PIB cuando habían prometido destinar el 11%.

3. El presidente abrió un programa diario por el que ha hecho desfilar a decenas de expertos que, sin una clara explicación, cambiaron el discurso de medidas restrictivas y de políticas públicas por una cantinela de autocuidado como única medida que podría garantizar la superación de la pandemia.

4. Frente a un gobierno que había bloqueado en el Congreso la propuesta de renta básica extraordinaria dirigida a 9 millones de familias confinadas en condiciones de pobreza e informalidad, se comenzó a hablar de la “indisciplina social” como la mayor responsable de la expansión epidemiológica del virus, en una narrativa que busca culpabilizar y descargar la responsabilidad en la ciudadanía. Dicho de otra manera, se descartaron todas aquellas propuestas que se hacían sobre destinación de gasto público que facilitaran el confinamiento de la población que imponía el mismo gobierno, y la sobrevivencia de las empresas medianas, pequeñas y micros. 

5. En ese contexto, se acotó el extraño concepto de “Nueva realidad”, que quisieron imponer como un esquizofrénico sentido común, en medio de una realidad que mostraba que durante la pandemia, al cierre del 2020, se proyecta una pobreza en el país que asciende entre el 43% y el 45%. Según Garay y Espitia la proporción de colombianos bajo la línea de pobreza pudiera haberse incrementado en 10 a 15 puntos porcentuales, en ciudades como Bogotá sólo el 71,4% de las familias pudieron comer tres veces al día (antes de la pandemia esta cifra alcanzaba el 85%). En Cartagena, por ejemplo, solo el 35% de las familias pudieron tener tres comidas al día.

La nueva realidad

Cuando una narrativa es tan equidistante de la realidad nos encontramos frente a una psicosis o frente a la sociopatía. Puede haber, y hay, otras razones que expliquen esto. Pero lo cierto aquí es que no es sostenible desde ninguna perspectiva epidemiológica, de política social, sanitaria y económica que en Colombia se haya hecho lo que se tenía y se podía hacer para menguar los efectos de una pandemia que presenta una de las mortalidades más altas del mundo, muchas evitables, y que han golpeado duro a las clases sociales más desfavorecidas del país.

Bla, bla, bla

Ahora todo el gobierno, a través del programa Prevención y Acción, se dedica a la pedagogía ciudadana, que fuera importante si se enmarcara dentro de una política pública de atención primaria en salud, puesta en manos de las EPS. El problema de esta desesperada pedagogía mediática es que, quienes la hacen, son los mismos que estuvieron diciendo que “íbamos muy bien; que nada estaba pasando; que ya llegaba la nueva normalidad y la reactivación económica”, y la gente bajó la guardia. Ahora envían mensajes contradictorios, y resulta difícil que la gente les crea.

Tanto en los individuos como en las sociedades operan los llamados mecanismos de la negación: nadie puede vivir con la conciencia cotidiana de que en cualquier momento puede morir. Por eso es por lo que la salud pública y la salud mental han diseñado estrategias y marcos de intervención muy precisos para lograr tranquilidad la sociedad y las comunidades en el marco de políticas de la prevención de la enfermedad. Eso no se improvisa en un programa de televisión o en una rueda de prensa. Requiere una política seria.

La cereza del pastel

Cerrando el año, no tenemos claro aún, cómo será el proceso de vacunación. Todo parece indicar que Colombia quedó en la cola de la fila. Uno de los elementos a considerar es que no existe una gobernanza planetaria global que garantice el acceso equitativo a la vacuna para toda la humanidad, sin distingos de clase. Organizaciones como Oxfam han señalado que casi 70 países pobres sólo podrán vacunar a una de cada diez personas, el año que viene. Los datos muestran que los países ricos, que concentran solo el 14% de la población, han adquirido el 53% de la producción de vacunas el próximo año.

La rapidez con que se ha desarrollado la vacuna se debe a que nos hemos saltado varios pasos del proceso de desarrollo. Esto implica que se deben tener mayores precauciones para su adquisición, verificación de eficacia y seguridad de las mismas. Esto supondría un proceso transparente, que no se ha llevado a cabo en Colombia. No se conoce a ciencia cierta como se han llevado a cabo las negociaciones bilaterales con las transnacionales farmacéuticas.

Desde la sociedad civil se ha solicitado que exista un comité científico nacional e internacional independiente que pueda dar cuenta de la vacuna que se va adquirir, así como de los precios de adquisición de la misma. Lo cierto es que hasta ahora no se tiene certeza de nada, más allá de los anuncios mediáticos de la adquisición de unas vacunas con Pfizer que llegarían presuntamente en abril, para población priorizada, sin que se tenga claridad de un cronograma, mecanismos para la aplicación, transporte que cumpla con las condiciones de cadena de frío para mantener su integridad. Mientras tanto, países como México, Argentina y Brasil iniciarán el proceso de vacunación a finales de este año. En Ecuador se esperan las primeras dosis en enero. Esta incertidumbre se suma al aumento vertiginoso de los contagios y mortalidades por las que atraviesa el país en este momento.

Réquiem por ellos

Para terminar, quiero dedicar unas palabras a la memoria de los amigos y amigas que hemos perdido este año. A la memoria del odontólogo, sociólogo e intelectual orgánico, Carlos Payares, quien nos acompañó en diversas ediciones con sus eruditas y profundos escritos sobre diversos temas del país y su amada región caribe. También a las y los médicos y enfermeras que hemos perdido en la valerosa batalla por la vida de todos. La existencia de estos seres humanos que han desafiado una civilización en crisis; que ha pregonado la danza de la muerte y la injusticia, nos anima a continuar con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad, en la esperanza de que este país y este mundo cambien.

@CarolinaCorcho