Pese al bloqueo de EE.UU. y a campaña de desprestigio de la ultraderecha latinoamericana y de la UE, la Venezuela chavista se afianza y reafirma su liderazgo

CRONICÓN.NET /

Otro duro revés político acaba de propinarle la Revolución Bolivariana de Venezuela tanto a Washington con su infame y criminal bloqueo económico, político, comercial y mediático, como a la ya debilitada Unión Europea (UE) en términos geopolíticos, y a la deslegitimada ultraderecha latinoamericana nucleada en el impresentable y agonizante Grupo de Lima.

Los sectores de la derecha y aquellos que adversan al gobierno de Nicolás Maduro en el ámbito iberoamericano salieron a criticar la baja participación ciudadana (algo más del 31% del censo electoral) en los comicios de este domingo 6 de diciembre en que se renovó la Asamblea Nacional, sin tener en cuenta el contexto tan complejo en que se realizó la campaña política. El hecho de que hayan concurrido a las urnas más de 5 millones 500 mil ciudadanos en medio de una situación económica precaria que viene afectando en grado superlativo a la población, como consecuencia del bloqueo económico estadounidense, es muestra de que sus principales fuerzas políticas están decididas a continuar la lucha y hacerle frente a las infames y cobardes acciones de la ultraderecha de la región obsecuente de los dictados de Washington por voltear al gobierno de Maduro y con él a la Revolución Bolivariana, el legado de Hugo Chávez Frías.

Ciudadanos que salieron a respaldar el proceso político venezolano para defender a su país de la agresión extranjera que vienen enfrentando desde hace varios años y que se materializa en dificultades económicas, signadas por desabastecimiento de alimentos, productos de primera necesidad, cortes de servicios públicos como agua y luz, falta de combustible como gasolina y aumento de precios de los principales productos de la canasta familiar.

No obstante el llamado de los gobiernos de Estados Unidos y de la UE a la población venezolana a no participar en estas elecciones parlamentarias y del anuncio a desconocerlas por parte de algunos regímenes de ultraconservadores con escasa legitimidad política en Latinoamérica, el resultado de estos comicios constituye una derrota para los agresores, quienes vienen tratando de intervenir de manera criminal en la República Bolivariana, violando el principio de autodeterminación de los pueblos.

Además, la baja participación ciudadana en estas elecciones no es excusa para desconocer los resultados. Si ello fuera así, entonces también habría que deslegitimar por la misma razón las elecciones del Parlamento Europeo.

Se reconfigura el mapa político

A más de subrayar que el chavismo sigue manteniendo firmes sus bases y el sector que lo sustenta el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (cuya principal fuerza el Partido Socialista Unido de Venezuela) ganó los comicios con más de del 67.7% (superando los 3 millones y medio de votos), lo relevante de esta jornada electoral es que se reconfigura el mapa político venezolano con las irrupción de nuevos sectores de la oposición que vienen a reemplazar a sus fracasados dirigentes y a debilitar de manera contundente a la figura caricaturesca de Juan Guaidó, quien ahora está llamando a una “consulta popular” vía telefónica para tratar de mantener su “presidencia interina”, y cuyo futuro está en vilo como consecuencia del cambio de inquilino en la Casa Blanca, a partir del próximo 20 de enero.

Por tal razón el desgastado y desprestigiado dirigente golpista Henrique Capriles Radonski, desestimó la “consulta” de Guaidó por considerarla sin horizonte alguno y “sin soluciones tangibles”.

De esta manera, el capital político de Guaidó se viene erosionando de manera acelerada, más ahora que su sostén, el presidente estadounidense Donald Trump, no logró su reelección.

Adicionalmente, los sectores de oposición que tendrán representación en la Asamblea Legislativa que se instalará el próximo 5 de enero, como los partidos Alianza Democrática, Comité de Organización Política Electoral Independiente, Cambiemos Movimiento Ciudadano, Avanzada Progresista, y El Cambio, vienen a reemplazar a la decadente dirigencia de la derecha que siempre ha carecido de una estrategia viable para enfrentar electoralmente al gobierno de Maduro y por tal razón ha buscado la vía del golpe de Estado y el saboteo del aparato económico del país.

De ahí que el opositor Enrique Ochoa Antich haya reconocido que en Venezuela nunca hubo fraude en los años anteriores, “cada victoria (de la oposición) servía para acumular fuerza rumbo a las presidenciales del 2018, pero nos salimos de la ruta y botamos el juego”. Salirse de la ruta significó intentar acciones de fuerza de manera periódica, hasta llegar a desarrollar la estrategia de instituciones paralelas, que comenzaron en el 2017 con un “Tribunal Supremo de Justicia en el exilio”, y llevaron a la creación de la “presidencia interina” en el 2019, explicó.

Frente a esos errores, una parte significativa de la oposición decidió participar en estas elecciones, logrando un poco más de 1 millón de votos.

En cuanto al chavismo, que había obtenido 6.248.864 en las elecciones presidenciales, tuvo una baja en esta oportunidad pero logró demostrar capacidad de articulación para mantener un caudal significativo de apoyo popular que le permite volver a ostentar la mayoría en la Asamblea Nacional.

Este es un nuevo capítulo del intrincado proceso político-electoral venezolano, cuyo país tendrá que seguir enfrentando las agresiones de Washington, la UE y los gobiernos conservadores abyectos a los dictados de la Casa Blanca. Aunque, vale decir, Maduro sale fortalecido políticamente de esta batalla electoral.