Maradona

POR ALERJANDRO VERAMAR /

La tierra redonda es una pelota
que va y viene como si tuviera
una cuerda en sus pies y su cabeza.
La zurda acaricia con suavidad
la bola que parece una cachorra
jugando con su madre en la gramilla.
Las gentes embebidas en las gradas
a la velocidad de la luz ven
pasar un tren mestizo de gambetas
entre los muros de ingleses burlados.
El silbato de la parca resuena
las amarillas se han vuelto rojas
el partido simplemente ha concluido.
Los estadios han quedado vacíos
el camerino ahora mismo es la puerta
del Hades, los goles en la memoria
quedarán como estrellas suspendidas.
No se verá otra vez su zurda de oro
amando la caprichosa esférica
sin embargo, la moneda en el aire
los equipos alistados en la cancha
anuncian que la fiesta continúa.
El hombre dona una mara de sueños
su alma atormentada y su rebeldía
nada en la mar más profunda y en la rama
de los inmortales no habrá olvido.
Maradona ha marchado fugitivo
quedará la gloria de su ser vivo.