El panorama político americano: borroso y disperso

POR ERNESTO LÓPEZ /

En el curso de los próximos 13 meses habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos y seis países de la región.

El escenario político americano se encuentra borroso, disperso e incierto. En parte debido a la singularísima marca que le ha impreso la coronavirus con su inevitable impacto, que se traslada hacia los planos económico y social. Pero asimismo como consecuencia de situaciones políticas que vienen de arrastre, que acarrean pugnas, proscripciones, enconos y enfrentamientos de diversa índole. Sucede, además, que en el relativamente breve lapso que va de lo que resta de 2020 a 2022 se concentran numerosas –e importantes— elecciones. Veamos.

Mosaico

La Argentina ha conseguido una auspiciosa negociación de la deuda externa privada que ha aliviado su delicada situación económica. Ha sido un gran logro. Pero el oficialismo se ve acosado por una deleznable campaña desestabilizadora desarrollada por el ex Presidente Mauricio Macri y sus seguidores, que comenzó con una “carta-denuncia” dada a conocer el 29 de mayo pasado, firmada por presuntos intelectuales y científicos que calificaron de “infectadura” —¡nada menos!— al gobierno encabezado por Alberto Fernández. No habían pasado aún ni seis meses de su gestión, de los cuales tres habían sido los primeros de la pandemia. Una de las intenciones de esta campaña, que se acompaña de una persistente y sucia manipulación mediático y judicial,  es esmerilar al oficialismo con el propósito de derrotarlo en las elecciones legislativas del año que viene, que renovarán un tercio del Senado y la mitad de los diputados. Ambicionan con esto hacer pie para ir, luego, por más.

Bolivia tendrá elecciones generales el próximo 25 de octubre; serán las primeras luego del golpe de Estado contra Evo Morales, que ha sido proscripto como candidato y se harán cuando aún se encuentran asilados siete dirigentes que lo acompañaron en su gestión de gobierno, en la Embajada de México en La Paz. Encabeza las encuestas Luis Arce, candidato impulsado por Morales, que podría ganar en la primera vuelta pero difícilmente en segunda. En caso de que ocurra lo primero, habrá que ver cómo se comporta el establishment reaccionario que derrocó a Evo.

Brasil es un galimatías en el que conviven el incalificable derechismo de Jair Bolsonaro, ungido Presidente merced a una legitimidad espuria, y unos militares que han abandonado su prolongado rol histórico meramente tutelar, para asumir un compromiso directo con la gestión presidencial. Hay elecciones municipales este año que quizá marquen algunas tendencias, aunque no es seguro que esos comicios funcionen como termómetros de la situación. Y se realizarán elecciones generales (presidente, legisladores y gobernadores) en octubre de 2022. Habrá que ver, en este caso, cómo se termina de recuperar el Partido de los Trabajadores con Lula ya en libertad.

Chile. La pandemia vino a frenar la fuerte protesta social ocasionada por el agotamiento de su modelo económico-social de desenvolvimiento. En medio de la tormenta, el Presidente Sebastián Piñera movilizó la iniciativa de una reforma constitucional, que debe ser aprobada por un plebiscito a realizarse en octubre de este año. Tendrá dos preguntas:

  1. por sí o por no a la aprobación de la reforma, y
  2. sobre la composición de la convención, que podrá ser integrada por un 50% de convencionales y otro 50% de miembros del Congreso, o directamente por un 100% de convencionales.

Si gana el sí, la elección de constituyentes –tanto en un 50% como en un 100%— se hará el 4 de abril de 2021; esto permitirá una primera auscultación del talante político existente.  Hay también previstas elecciones generales para el 21 de noviembre de 2021, con eventual segunda vuelta para el 19 de diciembre.

Colombia. A partir de noviembre del año pasado se produjeron numerosas movilizaciones en diversos puntos del país. Expresaron un descontento con las políticas económicas y sociales del Presidente Iván Duque. El inicio de la pandemia las frenó, pero recientemente han reaparecido en parte espontáneas y en parte convocadas por instituciones diversas. Por otra parte, la Corte Suprema ordenó, el pasado 4 de agosto, la detención preventiva domiciliaria del ex Presidente Alvaro Uribe —quien renunció a su condición de senador—, al que se le inició un proceso judicial por fraude procesal y soborno. Se puede decir que corren algunos nuevos vientos en este país, que tendrá elecciones generales (presidenciales y de legisladores) a fines de mayo de 2022.

Ecuador. El período electoral del acomodaticio Lenin Moreno está llegando a su fin. Habrá elecciones generales –presidente, vice y legisladores— el 7 de febrero de 2021 (1a  vuelta) y eventualmente el 24 de mayo (2a vuelta). Se perfilan ya dos candidatos: Guillermo Lasso, opositor de Moreno en las elecciones de 2017, que perdió por menos del 2% de los votos y Andrés Arauz, con Rafael Correa como vice, por la Unión por la Esperanza. Esta fórmula se ha presentado muy recientemente. Correa probablemente no será autorizado, en cuyo caso sería reemplazado por Carlos Rabascall.

Perú. El Presidente Martín Vizcarra viene de superar una sórdida operación destituyente operada por el presidente del Congreso unicameral, Manuel Merino. En un marco de inestabilidad e intrigas se avanza hacia unas elecciones  generales que se realizarán el 11 de abril de 2021. Un cuasi outsider, George Forsyth, alcalde del distrito de La Victoria, perteneciente al departamento de Lima, encabeza la primera encuesta conocida con un 23% de las preferencias. Lo siguen el general retirado Daniel Urresti, de Podemos Perú, con 9% y Keiko Fujimori con 7%. Forsyth es un ex arquero del Alianza Lima, nacido en Caracas, hijo de un diplomático peruano y de una chilena. Vizcarra no podrá ser candidato pues no lo permite el sistema electoral peruano.

Paraguay y Uruguay. Ambos países presentan situaciones parecidas. Transitan sin mayores sobresaltos políticos, no obstante la pandemia. El primero tendrá elecciones generales recién en 2023 y el segundo en 2024.

Venezuela. Continúa bajo presiones, asedios, agresiones y amenazas diversas, así como en la vengativa mira de Estados Unidos. Tiene previstas elecciones para renovar la totalidad de la Asamblea Nacional –órgano legislativo del país— el próximo 6 de diciembre. Es una apuesta importante de Nicolás Maduro, que aspira a recupera el control de esa Asamblea, que perdió en 2015. La mayoría de la oposición —26 partidos— ha anunciado ya que no participará porque sostiene que existirá un fraude electoral. No obstante esto, el dirigente opositor Henrique Capriles ha convocado a participar en los comicios, lo que es toda una novedad.

Se redibuja el panorama

En el corto lapso de 13 meses se realizarán elecciones presidenciales en seis de los diez países examinados. Es decir, que en un período muy acotado se podría comenzar a redibujar el panorama actualmente existente. En el siguiente año se llevarán a cabo dos más, con lo que el cuadro quedaría casi completo.

El intervencionismo estadounidense está presente, hoy como ayer, en Bolivia, Venezuela y Ecuador. Y también en la Argentina aunque con más recato, en parte porque la presión mediático-judicial autóctona recubre la mano de lo que aquí se da en llamar “la Embajada”. Probablemente en Perú y Chile dicho intervencionismo será menos denso, pues no parece que se vaya a producir en ellos el tipo de polarización política que preocupa al Departamento de Estado norteamericano (entre otras agencias). Las elecciones de 2022 –Colombia y Brasil— están más lejanas; no debe olvidarse, empero, que ambos son países a los que Estados Unidos les presta mucha atención.

Puede entonces decirse, en fin, que sobrevendrá un tiempo en el que predominará el choque de corrientes políticas “alternas” en la región.

Es indispensable recordar que el próximo 3 de noviembre habrá también elecciones en los Estados Unidos. Su resultado incidirá sobre el inusual aglomeramiento electoral sudamericano que se acaba de describir. Si llegara a triunfar Donald Trump, habrá más de lo mismo. Pesará sobre la región su propensión al descarado y torpe intervencionismo que ya conocemos. Basta tener presente que en el ámbito multilateral propició la reelección del desprestigiado Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA, el 20 de marzo pasado y más recientemente la elección de  su compatriota Mauricio Claver Carone como presidente del BID, con lo que rompió la ya larga tradición de designar en ese cargo a un latinoamericano.

Si el que llegara a la Casa Blanca fuera Joe Biden, cambiarían seguramente los modales y probablemente sería más condescendiente con América Latina y, por tanto, con Sudamérica.  No debe olvidarse, sin embargo, que bajo el sello demócrata se propició el impeachment y la destitución de Dilma Rousseff, entre otros abusos, que culminaron más tarde con el encarcelamiento de Lula da Silva, con Trump ya en el poder.

Así están las cosas. Habrá que ver cómo maneja sus invisibles hilos la joven e inescrutable Clío, la musa de la historia.

El Cohete a la Luna, Buenos Aires.