Prioridades, negocios y afectos

POR CONSUELO AHUMADA BELTRÁN

El rescate de Avianca es la última medida del gobierno en la cascada donde cada una supera a la anterior en indolencia y cinismo.

Semanas después de su anuncio, el rescate de Avianca sigue causando indignación. Como tantas otras medidas de los últimos 6 meses, fue una decisión autoritaria, que no consulta las necesidades del país ni de las regiones de donde salieron los recursos, primero para constituir el Fome y ahora para entregárselos a la aerolínea.

Y no es para menos. Nuestra capacidad de sorpresa pareciera no tener límite. Cada medida del gobierno supera a la anterior en indolencia y cinismo. Niega la renta básica para 9 millones de hogares en situación crítica. No asigna recursos para matrícula cero. Las pymes y mipymes, responsables del 90 % del empleo, sucumben por falta de crédito. No se han pagado las deudas de años a los hospitales, ni los salarios atrasados al personal de salud, que en general sigue batallando en condiciones precarias, sin estabilidad laboral ni los elementos de bioseguridad requeridos. Mientras tanto, los bancos, sus parientes, las EPS y ARL, y los grandes empresarios siguen sumando ganancias. La situación social y sanitaria es gravísima, así se manipulen las cifras y los medios se esfuercen en justificar tales decisiones.

La irritación es más que explicable. Se le otorgarán 370 millones de dólares, casi un billón y medio de pesos, a una empresa extranjera domiciliada en Panamá, un paraíso fiscal, por lo que no paga impuestos. Una empresa en ley de bancarrotas de Estados Unidos, cuyas decisiones se toman allí. Su cotización en bolsa es de 52 millones y sus acciones en Colombia cayeron en meses de 1.400 pesos a menos de 200 hoy. La deuda de la aerolínea supera los 5.000 millones de dólares y el préstamo tiene como garantía a LifeMiles.

Además de apuntalar el monopolio de Avianca, su rescate beneficia a Efromovich, los bancos acreedores y a la multinacional United Airlines.

¿Cómo explicar la decisión? German Efromovich, un empresario de nacionalidad brasileña, adquirió Avianca en 2004, mediante su holding Sinergy Group y la posicionó como segunda aerolínea de Suramérica. Pero después vino un turbulento proceso de integración con el grupo Taca y la controversia llegó a estrados internacionales. En medio de la crisis, Avianca seguía endeudándose y apalancando otros negocios de su dueño.

En el 2017 se presentó también el paro de pilotos, el más largo en la historia de la aviación mundial. Con apoyo del establecimiento neoliberal, Efromovich los persiguió y despidió, exhibiendo su talante autoritario y antidemocrático. El sindicato fue incluso víctima de espionaje.

Pero en mayo de 2019 perdió el control de la Junta Directiva y United Airlines se puso al frente, haciendo uso de una cláusula que se lo permitía, por incumplimiento de Avianca con una deuda contraída. Pero el empresario conservó el valor de sus acciones.

La aerolínea inició un drástico plan de ajuste, de venta de activos y reducción de costos laborales. Su reestructuración implica todavía más recortes. Cuando comenzó la pandemia, anunció licencias no remuneradas para 12.000 de sus empleados de planta. Es falso que provea 500.000 empleos, como señaló Duque.

Pero es interesante conocer la trayectoria de Efromovich.  En 2003 compró parte de Pacific Rubiales. Aunque ya había incursionado en el negocio petrolero en Colombia, con la “seguridad democrática” de Uribe encontró las condiciones más propicias para inversionistas extranjeros como él.

Se metió además en múltiples negocios, como la palma africana, y adquirió predios en varias regiones. Particularmente importante fue la compra de la antigua hacienda Bellacruz, en el Cesar, propiedad de la familia Marulanda. En el conflicto armado del país, este es un caso emblemático de desplazamiento forzado y apropiación de terrenos baldíos del Estado, con apoyo del paramilitarismo.

La hacienda, hoy llamada La Gloria, fue adquirida en el 2008 por la empresa Dolce Vista, de propiedad del brasileño. Los predios reclamados por los campesinos habían sido declarados baldíos mediante Resolución 1551 de 1994 por el desaparecido Incora. Pero entidades diversas señalaron que los acuerdos celebrados entre el Estado y los campesinos para la restitución de los territorios despojados no fueron cumplidos.

Sin embargo, Efromovich insiste en su carácter de “poseedor de buena fe”. En 2016, la Corte Constitucional mediante Sentencia SU235/16 le ordenó restituir al menos 1.200 de esas hectáreas a los campesinos reclamantes, pero no ha cumplido. Meses después, el Esmad llegó a la hacienda y les ordenó a los campesinos abandonar el sitio. El conocido abogado Jaime Granados tuteló a la Corte Constitucional por la decisión. 

Volvamos un poco atrás. Uribe le concedió la nacionalidad colombiana en el 2005 y cinco años después, cuando le entregaba el premio de Empresario del año del diario La República, el entonces presidente señaló. “Usted es un ejemplo (…) los colombianos lo admiramos, lo apreciamos, lo valoramos, lo ponemos como un ejemplo permanente”. Semejante elogio fue bien correspondido. Hace poco el empresario modelo, arrestado en Brasil por el caso Lava Jato, señaló que la detención del expresidente era “un error muy grande, un irrespeto”.

El mensaje desde el Ubérrimo parece claro. Además de apuntalar el monopolio de Avianca, su rescate beneficia al amigo y correligionario Efromovich, a los bancos acreedores, a la multinacional United Airlines y, por supuesto, a la hermana de Duque.

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