El quiebre del balance económico

POR EDUARDO SARMIENTO PALACIO /

El manejo de la pandemia no avanza. Las predicciones oficiales de que el pico del coronavirus se alcanzaría en junio no se cumplirán. Mientras en España e Italia, los de países de mayor contagio de Europa, el periodo entre los primeros contagios y el pico de la curva fue de un mes, Colombia ya lleva tres meses sin alcanzar el pico, y ahora el Gobierno dice que se logrará en agosto. Lo cierto es que la cuarentena y los protocolos distanciaron el pico de la curva y tornaron inciertos los contagios y decesos. Hasta aquí los aspectos de salubridad.

Los hechos están mostrando que el país no tenía las condiciones mínimas para soportar los rigores de una cuarentena. La economía venía de un estancamiento de más de cinco años agravado por la caída de los precios del petróleo y el plan de reactivación de la actual administración, dirigido por el ministro Carrasquilla, no había dado los resultados previstos. El monumental déficit estructural en cuenta corriente generado por el fracaso de la apertura se buscó contrarrestar con un aumento del endeudamiento externo, o si se quiere entrada de divisas, que propició un crecimiento del consumo por encima del producto nacional. Se quebró el balance interno entre el ahorro y la inversión que se pregona en la ortodoxia como una identidad inquebrantable. El gasto representado por el consumo, la inversión y el déficit en cuenta corriente creció 3.3%, en tanto que la producción avanzó cero.

Como el empleo es determinado por la producción, la diferencia tiene como contraparte una demanda de mano de obra por debajo de la oferta. Por eso, el empleo, que en el pasado crecía cerca de 2.5%, descendió en los últimos dos años. La verdad es que la estrategia de reactivación no funcionó, porque redujo el crecimiento de la producción y al empleo, y más, propició un serio desbalance estructural. La economía pasó a operar con exceso de gasto sobre la producción y exceso de oferta sobre la demanda de empleo.

Frente a una economía que operaba en esas condiciones precarias no era viable la cuarentena que tenía como primer impacto una reducción de la producción y el empleo. La consiguiente reducción del ahorro y la caída de los precios del petróleo ampliaron la brecha entre el gasto y el producto que de inmediato provocó el desplome del empleo y la producción. En abril el empleo cayó 27% y el desempleo subió de 11 a 20%. En marzo la producción industrial cayó 8% y en abril descenderá mucho más.

El desastre le significará al país en el año una caída del producto de 12% y un aumento del desempleo de 10%. Por lo demás, precipitará un cuantioso deterioro social. La participación de trabajo en el PIB continuará declinando, la pobreza subirá de 26% a 33% y el coeficiente de Gini regresará a los altos niveles de finales del siglo pasado.

Se equivocaron los organismos internacionales que veían el confinamiento como un efecto de corto plazo que se compensaría el año siguiente con un modesto apoyo estatal. El daño estructural del empleo permanecerá por mucho tiempo y no podrá ser absorbido por una economía cuya producción crecerá cerca de cero por la ruptura del sector externo y el deterioro de ahorro, y enfrentará un grave retroceso en la distribución del ingreso. En el fondo la inviabilidad de la cuarentena es esclarecida por el veredicto de los hechos. La cuarentena en conjunto con del fracaso de la apertura y el desacierto del programa de reactivación de Carrasquilla provocaron la peor crisis económica de la historia registrada del país.

Mientras no se reconozca esta realidad y no se proceda a modificar el modelo económico imperante en los últimos treinta años, la producción no crecerá, el desempleo se saldrá de cauce y no será fácil rectificar el retroceso social.

El Espectador, Bogotá.